Reseña. Pablo Jarne Muñoz. Economía colaborativa y plataformas digitales. Madrid, Reus, 2019. ISBN: 978-84-290-2137-0

AutorDavid López Jiménez
Páginas163-165
Revista de Derecho n.º 21 (enero-junio 2020) ISSN 1510-3714 ISSN en línea 2393-6193
DOI: https://doi.org/10.22235/rd.vi21.2044
Cómo citar: López Jiménez, D. (2020). Reseña: Pablo Jarne Muñoz, Economía colaborativa y plataformas digitales.
Madrid, España: Reus, 2019. ISBN: 978-84-290-2137-0. Revista de Derecho, 21, 163-165.
https://doi.org/10.22235/rd.vi21.2044
Reseña. Pablo Jarne Muñoz, Economía colaborativa y plataformas digitales.
Madrid, España: Reus, 2019. ISBN: 978-84-290-2137-0
La economía colaborativa es un fenómeno relativamente nuevo que se está
expandiendo, a nivel global, a una velocidad de vértigo. Su origen obedece, en gran parte,
a la generalización de las nuevas tecnologías, pero, sobre todo, a la red. Ambos permiten
el encuentro entre usuarios con la finalidad de intercambiar bienes y servicios.
Esencialmente son relaciones humanas que, hasta hace relativamente poco, se planteaban
únicamente en el seno de comunidades de familiares, vecinos o, incluso, amigos. De
hecho, en muchas ocasiones, no tenían fines de lucro, ya que se trataba de actividades tan
mundanas como prestarse la casa, invitar a un familiar unos días, o permitir a un amigo
usar la bicicleta o patinete.
Todo ello cambió radicalmente con la implantación y consolidación de las
plataformas digitales. De alguna manera, su llegada supone una alteración sin precedentes
de lo que, hasta la fecha, había imperado. Existe una amplísima variedad de plataformas
digitales que hacen uso de la economía colaborativa en numerosos ámbitos de la vida
cotidiana. Nos referimos, entre otros, al transporte, la entrega de comida, el alojamiento
y un largo etcétera.
Las plataformas que operan dentro de lo que podría considerarse como economía
colaborativa están surgiendo con base en las modificaciones fundamentales en los hábitos
de consumo (así, por ejemplo, Couchsurfing, Airbnb, Uber, Spotify y Waze). Estas
últimas han derribado a sectores bien posicionados y con cierto arraigo, con su
denominada disrupción creativa en un breve espacio de tiempo. Están suscitando
modificaciones en todas las áreas cotidianas y, a buen seguro, traerán profundos cambios
a nuestro entorno empresarial.
Resulta necesario adoptar un modelo de regulación que favorezca estas nuevas
modalidades sin permitir abusos del consumidor ni, mucho menos, de los trabajadores de
estas compañías. En sentido estricto, no se trata de meras intermediarias. Van más allá.
En puridad constituyen plataformas que limitan aspectos que, hasta fechas recientes, eran
determinantes en la cadena de valor y que suprimen intermediarios. En efecto, no son
empresas de índole tecnológica que ponen en marcha una aplicación informática para el

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